Acercándose la Navidad, en uno de mis grupos de WhatsApp, alguien “cuelga” una foto de un cachorro, quizás de una veintena de días, indicando que lo han encontrado tirado debajo de un coche, y que si hay alguien interesado que se pusiera en contacto con el que había puesto dicha imagen.
Por alguna razón, reenvié la foto y el texto a un grupo de amigos, a sabiendas que en el mismo estaba mi mujer. Esta mención tiene una explicación. En mi casa era habitual tener 3 perros, pero ahora solo teníamos uno. En concreto, un turco.
Nosotros estábamos acostumbrados a tener pastores alemanes. De hecho, hemos criado hasta 5 camadas, que usualmente o regalábamos o vendíamos, sin especial afán de lucro, siguiendo la pauta legal de periodos, vacunaciones, registros y pedigrees. Los fallecimientos de nuestra última pareja, House y Lola, nos dejaron tan tristes como indecisos a la hora de volver a tener más perros. Esta historia solo pretende mostrar que de perros entendemos, y bastante, diría yo.

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La noche que regresé a casa, después de compartir aquella foto, me encontré al animal en brazos de mi mujer. No me sorprendió, de hecho, creo que lo esperaba. Era una perra de raza indefinida, aunque con trazos de tener algunos genes, bien de pastor alemán o de pastor belga.
Hasta aquí, todo normal. Estamos encantados con la perrita, ya tuvo la visita del veterinario, y hemos vuelto a los biberones, a los bocaditos de las manos y a la limpieza sistemática de sus funciones biológicas.
Y aquí llega lo sorprendente. Hace poco, mi mujer tuvo la llamada de una persona de una protectora de animales. Según le indicó, esa perrita era de ellos (¿?) y que tenía un hermano de ella como prueba fehaciente de esa “propiedad”; que procedía de una camada de la que ya habían dispuesto otros y que solo les quedaba ese hipotético hermano.
Según le contó, la perrita nunca estuvo debajo de un coche, si no que una mujer que se la llevó de la protectora, se ve que se lo pensó mejor, y que se personó con el cachorro en la consulta de un veterinario aduciendo que se la había encontrado debajo de un coche, y así se quitó de enmedio, a pesar de que, según añade esta mujer, tiene un contrato firmado con la protectora, y que la piensan denunciar.

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Pues bien, el remate es el que sigue: nos comunica que debemos firmar nosotros ese contrato, en el que consta que la propiedad es de la protectora, algo así como una licencia de uso del animal, porque no pierden esa propiedad de por vida, así como que debemos esterilizarla por imperativo legal.
Estoy harto de un país, perdón, de unas personas, que se agarran a procedimientos de forma ciega e irracional, y que pierden la auténtica perspectiva de las cosas, incluso, de la propia razón de existir de una “protectora” de animales. Nada mejor para motivar adopciones.
El cachorro es muy pequeño para tener chip. A nosotros nos lo entregaron sin mediar papel alguno, y con una historia de abandono muy concreta. El cachorro ya ha iniciado sus trámites legales de registro, tendrá su libro de vacunaciones, su chip y todo lo que debe de tener, de acuerdo con la ley y con lo que consideramos que debe de tener un miembro más de la familia.
Si has leído hasta aquí, te pediría tu opinión al respecto. Nosotros no tenemos prueba alguna de esa “propiedad” que aduce la protectora, ni estamos por la labor de firmar un contrato de esa índole. La esterilización es un proceso que ya decidiremos nosotros libremente si se la aplicamos al animal o no, así como que, con esa experiencia que tenemos de muchos años criando perros, y que es comprobable, ¿No creéis que a estos de las protectoras se les está yendo un poco la pinza?
Aún en el hipotético caso de que este cachorro hubiera estado en sus instalaciones…. ¿no les debería bastar con el compromiso, formal, firmado, lo que quieras, de que el animal va a tener un hogar, un cariño y unos cuidados adecuados? Pues parece que no,…., tiene huevos la cosa.